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La revolución proletaria en Colombia

Grupo Comunista Revolucionario de Colombia 28.12.2004 22:49
Actualmente hay una creciente polarización entre las reaccionarias fuerzas proyanquis y las fuerzas revisionistas y reformistas, principalmente las que ejercen la oposición armada, en lucha por el poder o por presionar reformas. Dada la agudización de la actual guerra, es cada vez más sonoro el llamado de ambos bandos (que han ganado a relativamente importantes sectores del pueblo) a exigir que se tome partido por uno de ellos, recurriendo ambos al fácil expediente de ?quien no está conmigo está contra mí?.


 http://ac-gcr.org/index.htm

Alborada Comunista No. 28 ? agosto 2004
La revolución proletaria en Colombia: retos y posibilidades

 http://ac-gcr.org/mri_archivos/colombia/ac28-0408_01.htm


En años recientes Colombia ha sufrido importantes transformaciones, aunque no al punto de cambiar su carácter de sociedad semifeudal y semicolonial en la que se desarrolla un capitalismo burocrático-comprador, si bien profundizándose el aspecto semicolonial. En el convulsionado ?nuevo orden mundial? que proclamaron los imperialistas encabezados por Bush I como jefe de la pandilla y que hoy corresponde jalonar a Bush II, la situación de Colombia presenta, a la vez que grandes retos, enormes oportunidades para un necesario salto en el desarrollo del movimiento revolucionario.

La ?oportunidad? que en palabras de Bush y su reaccionario círculo(1) representó el ataque a Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001 (11S), también repercutió en Colombia donde las clases dominantes locales aprovecharon para enmarcar dentro de la ?guerra contra el terrorismo?, el otro pretexto de la ?guerra contra las drogas? para tachar de ?narcoterroristas? a las fuerzas guerrilleras tradicionales que desde hace cuatro décadas han estado librando una lucha armada por el poder con las actuales clases dominantes.

Al haber hoy con Uribe un difícilmente igualable régimen lacayo de los yanquis, se ha acelerado la profundización de la intervención imperialista de manera directa e ?indirecta? con centenares de ?asesores? mercenarios, ya sean militares o contratistas ?civiles? (ex militares y ex agentes de la CIA) que entrenan y dirigen en el campo de batalla a las fuerzas militares y paramilitares locales. El nuevo Plan Patriota, complemento del nefasto Plan Colombia, busca dar rienda suelta a la guerra total de las clases dominantes y sus padrinos imperialistas para no sólo deshacerse de la guerrilla tradicional, sino que pretende liquidar toda posibilidad de rebelión armada de las masas por muchos años.

Más de un siglo de saqueo y explotación de los imperialistas, junto con los capitalistas burocrático-compradores y los terratenientes, han puesto al país en un estado de postración. Y la lucha de resistencia de las masas, incluso armada, no ha cesado, haciendo que Colombia viva una situación revolucionaria permanente(2). No obstante, la existencia de la guerrilla es el pretexto más utilizado, por las lacayas clases dominantes locales y los medios de comunicación a su servicio, para justificar tanto la mayor represión con que buscan apagar o limitar la resistencia de las masas populares como ¡incluso la actual situación de miseria!

Actualmente hay una creciente polarización entre las reaccionarias fuerzas proyanquis y las fuerzas revisionistas y reformistas, principalmente las que ejercen la oposición armada, en lucha por el poder o por presionar reformas. Dada la agudización de la actual guerra, es cada vez más sonoro el llamado de ambos bandos (que han ganado a relativamente importantes sectores del pueblo) a exigir que se tome partido por uno de ellos, recurriendo ambos al fácil expediente de ?quien no está conmigo está contra mí?. Lo que no se puede dejar de lado es que hay otros polos que configuran el mapa político del país, desde otras fuerzas reformistas democrático-burguesas no armadas, hasta los revolucionarios proletarios que bregan por culminar el proceso de creación del partido auténticamente comunista que dirija la preparación, el inicio y el desarrollo hasta la victoria de la auténtica guerra popular(3) que se requiere para liberar al país de la dominación imperialista y derrocar el poder de la burguesía burocrático-compradora y los terratenientes, que han mantenido en la más oprobiosa miseria y opresión a las amplias masas (que constituyen más del 90% de la población) y por avanzar sin interrupción al socialismo, como parte y al servicio de la revolución proletaria mundial.

Por supuesto, sin equiparar ambos caminos de la actual polarización, a los comunistas revolucionarios corresponde acelerar y elevar los esfuerzos para enfrentar los retos y aprovechar las oportunidades con el fin de culminar la tarea de crear las tres ?armas mágicas? (partido, ejército y frente) que requieren el proletariado y el pueblo de Colombia para derrocar a sus enemigos abiertos ?los imperialistas, la burguesía burocrático-compradora y los terratenientes con sus fuerzas militares y paramilitares?, sin bajar la guardia en la lucha implacable contra el revisionismo, porque, parafraseando el correcto veredicto de Mao Tsetung de que la llegada de los revisionistas al Poder significa la llegada de la burguesía al Poder, hay que decir que plegarse a los revisionistas (que por estar armados no dejan de serlo) significa plegarse a la burguesía(4).

A la embestida imperialista corresponde
una oleada de lucha revolucionaria proletaria
Indice

Desde comienzos de la década de los 90, tras el derrumbamiento de lo que fuera la socialimperialista Unión Soviética y su bloque(5), que dejó a su rival ?los Estados Unidos? como superpotencia única(6) y con mayor libertad para satisfacer sus necesidades de acumulación, la economía y la política mundiales tomaron una dinámica diferente a la de las casi dos décadas anteriores, caracterizadas por la preponderancia de la disputa entre los dos bloques imperialistas rivales y antes por las luchas de liberación nacional y la influencia de la revolución cultural en la entonces China socialista.

El desarrollo económico mundial enfrenta una nueva oleada de expansión e internacionalización del capital, con un mayor desarrollo de las fuerzas productivas, rápida rotación del capital, fusión de grandes capitales y mayor liberalización económica, necesarios para paliar la grave crisis enfrentada por Estados Unidos para lo que el derrumbe de su principal rival le dio la libertad requerida. Como parte de esto, se ha profundizado el mayor saqueo en las naciones oprimidas, la más brutal explotación de las masas trabajadoras con aumento de la pobreza en grandes capas de la población y desequilibrio social extremo, con profundas y crecientes desigualdades(7). Y se han acentuado las tendencias fascistas con mayor fuerza a partir del 11S y las subsecuentes agresiones imperialistas a Afganistán e Irak.

La nueva oleada de internacionalización del capital, a que se hace referencia de manera casi generalizada como ?globalización?, es resultado directo de la contradicción fundamental del sistema capitalista, entre la producción socializada y la apropiación privada. El imperialismo ha extendido la socialización de la producción y afianzado sus tentáculos en literalmente todo el planeta y ha incorporado en sus circuitos a más extensas capas de la población, ya sea mediante la esclavitud asalariada o a través de una perversa combinación de modernidad imperialista con formas atrasadas de explotación. Esto requirió un elevado nivel de acumulación de capitales y estuvo acompañado de la liberación de importantes avances científicos para su aplicación a la producción en ramas tan vitales hoy como las tecnologías de información y telecomunicaciones o la biotecnología.

Por otra parte, la superexplotación de los trabajadores, el desmonte de sus conquistas laborales, el mayor saqueo de los recursos y la devastación ecológica del planeta, son una expresión del mecanismo de apropiación privada de la riqueza que se concentra en un puñado de potencias y en las manos de un reducido núcleo de capitalistas financieros. Este salto puede explicarse en sus aspectos básicos a partir de las tesis planteadas por Lenin hace ya casi un siglo sobre el imperialismo, como fase superior y última del capitalismo, parasitario, agonizante y en descomposición, tesis que se corroboran y mantienen su vigencia hoy.(8)

Como perspicazmente anotara Marx, la época capitalista es paradójica ya que a la vez que despiertan a la vida fuerzas industriales y científicas incomparablemente poderosas, éstas no pueden brillar más que sobre el fondo oscuro de la decadencia y la miseria humana más extrema. Hoy presenciamos cómo, a mayor crecimiento, ampliación y concentración del capital, más hondas las diferencias entre las clases y entre los países imperialistas y las naciones oprimidas. Esta última contradicción se constituye hoy en la principal de la política mundial, poniendo a las naciones de Asia, África y América Latina como el epicentro de la tormenta revolucionaria.

Al igual que en los países oprimidos, la contradicción entre el proletariado y la burguesía en las metrópolis imperialistas también se está agudizando. Los imperialistas han apretado las clavijas del proletariado en el seno de estos países, empezando por la feroz explotación de inmensas capas de inmigrantes y de minorías, con reformas lesivas como el desmonte del bienestar social, y están incluso sacudiendo a otros sectores pequeñoburgueses al trasladar muchos empleos a países del tercer mundo(9) que se convierten cada vez más en fuentes de mano de obra barata. Todo esto obedece a la necesidad de tener una mejor posición a la hora de competir con las otras potencias, pues de hecho existe aguda lucha entre los imperialistas por una mejor posición en el reparto y explotación de los mercados y acceso a fuentes de materias primas, una lucha por reconformar las relaciones de poder entre los mismos imperialistas.

La contradicción entre las potencias imperialistas se dirimen hoy en cierta medida en los foros imperialistas tipo Organización Mundial del Comercio (OMC) y en intrigas diplomáticas, pero cada vez más comienzan a reconfigurarse bloques imperialistas, lo que llevará a confrontaciones más agudas y a guerras imperialistas en la medida en que Estados Unidos busca poner en cintura a Europa para no permitirle convertirse en un nuevo bloque que le rivalice. La nueva Guerra del Golfo y la actual ocupación de Irak sirven a ese propósito, no es sólo cuestión del control del petróleo como un fin, sino como medio para reconformar tales relaciones de poder a nivel mundial, ya que no todo esta definido aún a favor de Estados Unidos(10). En esta reconfiguración, uno de los verdaderos ?ejes del mal? lo está formando Estados Unidos con Inglaterra y España, esta última penetrando fuertemente en América Latina, donde en lo económico busca controlar más sectores claves de la economía como la banca, la energía y las telecomunicaciones, así como participando cada vez más con ?asistencia? militar(11).

En suma, todas las contradicciones de la época se están agudizando, generando movimientos y otras expresiones de resistencia de diferente amplitud y profundidad, desde las gigantescas protestas callejeras contra la globalización y la guerra imperialistas, pasando por movimientos nacionalistas feudales y burgueses(12), hasta rebeliones armadas en muchos países, varias para presionar reformas pero otras dirigidas por fuerzas revolucionarias maoístas como en Filipinas, India, Turquía, Perú y Nepal, siendo estas últimas guerras populares que, a la vez que destruyen poco a poco el viejo estado, vienen construyendo sobre sus ruinas una sociedad verdaderamente nueva.

Luchar, hombro a hombro, dentro del movimiento contra la globalización y la guerra imperialistas, contra las importantes limitaciones ideológicas y políticas de este movimiento como la estrechez de miras de ver el problema sólo en el ?neoliberalismo? o en las corporaciones multinacionales o en las instituciones imperialistas (OMC, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional [FMI], etc.) por encima de los estados, y no el imperialismo como una relación social global, como un sistema mundial integrado que necesita de los estados para oprimir a las masas, es uno de los retos que está a la orden del día(13). Tal lucha, así tenga muchas cosas en común en los países imperialistas y países oprimidos, tiene un carácter diferente en los distintos tipos de países.

Igualmente, es necesario el apoyo a las luchas de los pueblos de los países que luchan por su independencia, o sufren la agresión imperialista directa, así estas luchas no estén dirigidas por el proletariado, en cuyo caso corresponde señalar y combatir las limitaciones y desviaciones. De las rebeliones armadas, lo que corresponde apoyar, y emular, son las auténticas guerras populares que buscan realmente cambiar el mundo de base.

Más de un siglo de dominación imperialista, la principal causa de los problemas del país
Indice

Los países oprimidos son estructuralmente dependientes del imperialismo. Su estructura económica está determinada principalmente por fuerzas externas a ellas, su impulso económico depende de las inyecciones de capital, de la demanda de los países imperialistas y de la división internacional del trabajo imperialista; y no se desarrollan de una manera tal que puedan crear la base y el impulso para un crecimiento autogenerado e independiente. Pero no es sólo una relación externa de dependencia, las naciones oprimidas son parte componente de una economía mundial unificada. El imperialismo también es interno a las naciones oprimidas, en la medida en que está integrado en las estructuras de clase y al nivel mismo de la producción en estos países.

El imperialismo subordina la producción de cada país a los intereses imperialistas globales. La dependencia estructural es una condición estrechamente relacionada con una desigual división internacional del trabajo que es causada por el desarrollo desequilibrado de la acumulación de capital a escala mundial. El imperialismo transforma y subordina el aparato productivo de las naciones oprimidas. Esto no es un fenómeno puramente económico: la dependencia estructural también está determinada por el ejercicio del poder y del control(14).

Una característica sumamente importante es la penetración de capital imperialista en las naciones oprimidas. Ésta adquirió una gran importancia en el período posterior a la II Guerra Mundial, especialmente en los años 60. En diferentes países clave (definidos así por el imperialismo) de América Latina y de otros países del llamado ?tercer mundo?, el capital ?occidental? tomó las riendas del desarrollo capitalista para llevar a cabo importantes transformaciones en el campo, con el propósito no sólo de ampliar la base de acumulación de capital sino de fortalecer la base social para los regímenes reaccionarios(15).

Las instituciones financieras y de ?ayuda? tanto del gobierno estadounidense como ?multilaterales?(16), como el Banco Mundial, desempeñaron un importante papel en la puesta en marcha de estos planes imperialistas. En América Latina la ayuda oficial y los préstamos asociados con la Alianza para el Progreso financiada por EEUU fueron componentes cruciales de los flujos de capital en la región en los años 60. Cuatro décadas después de esa ?ayuda? la situación ha empeorado para los países oprimidos.

En Colombia, la competencia imperialista en el campo de alimentos y algunas materias primas para la industria, ha arruinado la agricultura campesina. Tanto el atraso como la apertura de mercados les han hecho imposible a los pequeños y medianos productores del campo competir con la agroindustria imperialista de alta tecnología, aumentando la dominación semicolonial del país. En los años 50, el plan yanqui de ?Alimentos para la paz? hizo que muchos países se convirtieran en dependientes agrícolas de EEUU. Por ejemplo, Colombia era un productor en grande de trigo a mediados del siglo XX. La producción de cereales, altamente monopolizada, tecnificada y subsidiada por el gobierno norteamericano, arruinó la producción nacional(17). Los ínfimos precios internacionales han quebrado la producción nacional de arroz, maíz, trigo, algodón e incluso de café, ¡que hoy genera menos de la tercera parte de divisas que las remesas de dinero de los colombianos en el exterior (que en 2003 alcanzaron los 3.000 millones de dólares y se calcula que este año se acerque a los 4.000 millones de dólares). Otros productos como el plátano o la yuca, enfrentan muchos problemas para su comercialización, conservación, falta de subsidios y asistencia técnica y carencia de medios de transporte (el desarrollo de la infraestructura es en función de las necesidades del imperialismo en cuanto a la economía y la represión).(18) Todo esto hizo que muchos campesinos, como único medio de subsistencia, se vieran obligados a cultivar coca, marihuana y amapola, una salida propia de la racionalidad capitalista. Colombia pasó de tener el 15 % de los cultivos de coca del mundo en 1995, a tener el 70% de ellos en 2000(19). Pero a la par con esto, de los habitantes de las zonas rurales, más del 80% están en la más absoluta pobreza.

Ante esta realidad, fuerzas nacionalistas y demócratas burguesas pretenden un desarrollo capitalista ?independiente y democrático?, es decir, dejando intacto el modo de actividad y sólo tratando de lograr otra distribución de esta actividad. Una distribución más equitativa (por ejemplo algunas mejoras en educación, salud y vivienda para el pueblo) manteniendo las mismas relaciones, sólo puede ser temporal y relativa y dependiente de factores coyunturales como ?bonanzas? petroleras o cafeteras dentro de las división imperialista del trabajo, y en muchos casos abogan por una defensa de la gran burguesía burocrático-compradora local, así algún sector de ésta se muestre en algunos momentos contrario a algunas políticas y medidas imperialistas(20) . Quienes ven el imperialismo como algo ?externo? no pueden entender que ?sacar? al imperialismo del país implica acabar con el sistema capitalista burocrático-comprador y el semifeudalismo, ?tres montañas? que están cada vez más entrelazadas. Los alegatos de algunos ?maoístas? embriagados de troskismo acerca de que proponer una firme lucha antiimperialista de alguna manera significa no luchar contra el capitalismo, o aceptar a los grandes capitalistas del país, puede tener relación con que estos ?maoístas? ven al imperialismo como algo externo y no ven que la gran burguesía burocrático-compradora es en gran medida el cuerpo en que se encarna el imperialismo para explotar y oprimir y por tanto la lucha antiimperialista es una lucha contra las tres montañas que están profundamente imbricadas.

El camino imperialista: Plan Colombia, militarismo y paramilitarismo
Indice

Tanto por la crisis regional, como por su posición geoestratégica, la crisis colombiana ha cobrado una mayor magnitud en los últimos años al aumentar tremendamente la desigualdad(21) y la consiguiente explosividad de las masas populares, haciendo que las clases dominantes locales y sus amos imperialistas teman un estallido que haga pedazos todo el actual tejido social urdido para favorecer sus mezquinos intereses, los intereses de las multinacionales de alimentos, tecnología y del petróleo(22). Y en respuesta a la creciente desigualdad y empeoramiento de las condiciones de vida de las masas, ha crecido, con altibajos, la resistencia: de los paros urbanos y campesinos hasta el crecimiento de la guerrilla rural y las milicias urbanas.

La agudización de las contradicciones de la sociedad colombiana, entre las masas populares(23) y las ?tres montañas? que oprimen al pueblo, ha empujado a los imperialistas a intervenir de manera más directa política y militarmente para mantener su dominación. Desde mediados de 2000 (finalizando la administración Clinton), los imperialistas norteamericanos han venido implementando el llamado ?Plan Colombia?, con ?ayuda? en equipo militar, inteligencia, recursos financieros, así como mayor presencia de tropas (instructores y ?asesores? mercenarios) y de sus agencias de control político como la CIA, el FBI y la DEA.

El ?Plan Colombia?, es parte de una ?Estrategia Andina? que comprende movimientos militares en Ecuador, Perú, Panamá y Venezuela (e incluso Brasil) y hace parte junto con el ?Plan Puebla-Panamá? de la estrategia de los imperialistas yanquis para afianzar más su control en esta región que consideran desvergonzadamente su ?patio trasero?(24). Si bien cuenta con el apoyo entusiasta de los lacayos pro-imperialistas locales ?todo el Establecimiento, desde los partidos políticos reaccionarios hasta los medios de comunicación?, la verdadera opinión pública, el pueblo, percibe cada vez más la verdad tras este plan imperialista, aunque por momentos, como el actual, sectores importantes de las clases medias se alinean con las clases dominantes.

Como la impresión generalizada en Washington es que ?la situación en Colombia continúa deteriorándose?, esto ha conllevado a que emprendieran una ofensiva con pocos precedentes en la historia del país. Según ellos, Colombia y Afganistán son hoy dos casos de ?convergencia de terroristas, productores de drogas, y traficantes?. En realidad su blanco principal lo constituyen las guerrillas opositoras al régimen. Un objetivo del Plan Colombia (hoy con su especificidad en el llamado ?Plan Patriota?) es derrotar militarmente a la guerrilla o acorralarla y obligarla a negociar para integrarla como una nueva casta de administradores compradores-semifeudales, como han terminado otras fuerzas revisionistas armadas.

Colombia hoy es el tercer más grande receptor de ayuda militar estadounidense en el mundo, desplazando incluso a países como Turquía. Recibe más ayuda militar de EEUU que el resto de América Latina y el Caribe combinados. El Plan Colombia significó un incremento de diez veces el apoyo anterior que EEUU brindaba al Estado colombiano: Los ?boinas verdes? han entrenado varios batallones contrainsurgentes, cada uno con más de 1.000 hombres que ya están operando en diferentes puntos del país, batallones que han sido completamente equipados por EEUU con docenas de helicópteros UH-60 ?Blackhawk? y Huey, ?donados? para el Plan. Al iniciarse el gobierno de Uribe, además de reforzar las brigadas móviles y la Fudra (fuerza de despliegue rápido), el ejército incorporó tres mil soldados profesionales más para crear un batallón de alta montaña para la región del Sumapaz (cerca a Bogotá). Luego se incorporaron otros dos mil soldados regulares a las unidades que prestan seguridad a la infraestructura petrolera y energética y poco después se estableció otro batallón de alta montaña en los farallones de Cali, con aportes del gobierno de la capitalista China ?Popular?.

La contrainsurgencia ha sido y es otra parte del paquete imperialista. De la ?Doctrina de la Seguridad Nacional?, que desde los años 60 transformó los ejércitos regulares destinados a la defensa de las fronteras exteriores en brigadas contrainsurgentes para defenderse del ?enemigo interno? (un eufemismo para referirse a las masas rebeldes, a la oposición armada y a los revolucionarios en general) y de la ?guerra de baja intensidad?, que dieron por resultado la creación de grupos secretos de las FFAA que ?estuvieran en capacidad de efectuar actividades paramilitares, de sabotaje o terrorismo, contra elementos comunistas?, como rezaban los manuales yanquis de la época de Kennedy, el resultado ha sido el asesinato de miles y miles de opositores políticos y luchadores populares a manos de las fuerzas de seguridad del Estado, que ahora utilizan en mayor medida paramilitares para tapar su rostro sangriento y ocultar ante el pueblo del mundo el carácter genocida de unas fuerzas militares y de policía made in USA, con sus oficiales entrenados en especial en la tenebrosa ?Escuela de las Américas? de EEUU donde se aprende a crear escuadrones de la muerte para secuestrar, torturar y desaparecer opositores sin dejar huella, escuela en la que los militares y policías colombianos tuvieron ?alta prioridad? a medida que se escalaba el conflicto en Colombia(25).

Los paramilitares de hoy, en proceso de ser legalizados por la administración Uribe (en el actual dizque ?proceso de paz?), hacen parte de esta estrategia imperialista que en las dos últimas décadas ha aplicado en Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Perú. Tales mercenarios, notorios por su extrema crueldad y sevicia contra las masas desarmadas, han sido entrenados y financiados por las clases dominantes locales y los imperialistas (a través de sus pupilos de la Escuela de las Américas) y sus perros de presa, como Israel. Su papel es hacer el ?trabajo sucio? para el sistema no sólo en la lucha antisubversiva. Como fuerzas irregulares en apoyo y como complemento del ejército oficial, aplican una política de ?quemar todo, arrasar todo y matar a todos? imponiendo el ?terror blanco?(26) para forzar el desplazamiento campesino y ?secarles el estanque? a las guerrillas, además de buscar garantizar el monopolio sobre la tierra despojando al campesinado y relatifundizando(27), exterminando las organizaciones campesinas y líderes que buscan reformas sociales en el agro contrarias a los grandes dueños de la tierra. En sus regiones de influencia abren el camino a los monopolios transnacionales para la explotación del oro, el petróleo, el carbón, el uranio y luchan activamente por el control de zonas cocaleras(28). Este es otro aspecto que no hace más que recalcar que el problema de la tierra está en el centro de los problemas del país y de su solución.

La llamada ?guerra contra las drogas? asimilada hoy en Colombia por la ?guerra contra el terrorismo?, es más una mampara con el fin de aumentar la injerencia militar imperialista en estos países para apuntalar su dominación económica y política. A pesar de décadas de represión en Bolivia, Perú y Colombia, el resultado final ha sido el incremento de la producción y del consumo mundial de estupefacientes: Colombia exporta el 80% de toda la cocaína que se consume en las calles de EEUU y ha pasado a ser un fuerte proveedor en el campo de la heroína. Todo esto no perjudica sino que beneficia al imperialismo norteamericano pues al tiempo que le genera jugosas ganancias (a los proveedores de precursores químicos, al sistema financiero y a las cadenas de corrupción), ha encontrado un pretexto para tomar medidas represivas y reaccionarias contra las masas a todos los niveles. La guerra contra la droga es en realidad una guerra contra el pueblo tanto en los países productores como en los países consumidores. Si bien en un principio EEUU dijo que su blanco de ataque con el Plan Colombia eran los sembrados de coca, luego de la ruptura de las negociaciones entre el gobierno colombiano y las FARC-EP, el gobierno Bush ha puesto abiertamente en la mira a las guerrillas. El llamado ?componente social? fue diseñado para estar al servicio del componente militar del Plan Colombia, buscando ganar a su favor a la ?población civil?, reforzando la semifeudalidad mediante la promoción del paternalismo (y dando rienda suelta al clientelismo y la corrupción) y movilizar su apoyo activo en el terreno militar y de inteligencia(29) . Con el nuevo ?Plan Patriota? ya se dejaron de perendengues y no tienen empacho para presentarlo como un plan militar a secas que junto con el empadronamiento y demás medidas fascistas del nuevo ?estatuto antiterrorista? pretenden ahogar toda forma de rebelión e impedir que se dé una revolución.

Las ?soluciones? desde arriba y la teoría del ?mal menor?
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Diferentes sectores y clases sociales tienen distintos puntos de vista sobre cómo resolver los problemas de la sociedad. El Plan Colombia es la salida para los imperialistas y las reaccionarias clases dominantes locales. Lejos de ser la solución para el pueblo, concentra buena parte del problema, implica mayor sometimiento, un retroceso hacia la conversión del país de semicolonia en colonia imperialista, hacia la mayor subyugación nacional: Los lacayos incluso proponen abiertamente el ingreso de tropas extranjeras llamando a que el imperialismo yanqui actúe ?como en Irak?, al decir del mismo lacayo Uribe.

Las disputas internas de las clases reaccionarias por el poder llevan a algunos a presentar una visión engañosa de supuestos aliados del pueblo entre ellas, pretendiendo llevar a las masas a tomar partido por uno u otro opresor. Incluso sectores de la ?izquierda? tradicional entran en este juego. Al igual que los imperialistas a nivel mundial como en Irak, se dividen el trabajo entre un sector que actúa como ?policía malo? torturador y el otro como ?policía bueno? o amable, las clases dominantes locales ora muestran su careta democrática ora su rostro abiertamente fascista, pero una u otra facción son dos caras de una misma moneda. Ahora le apuestan a un gobierno abiertamente fascista(30), pero ayudan a sembrar ilusiones en que, tal vez en un futuro, sea posible de nuevo sacar al país de la crisis por la vía de la conciliación y el diálogo. ¡No hay tal! Los liberales y socialdemócratas que tienen como posibles piezas de recambio son también fieles voceros del programa imperialista y no significan ?un mal menor? por el que haya que tomar partido. Tal teoría del ?mal menor? le ha hecho mucho daño al avance de la revolución, la verdadera solución. Las disputas entre las clases dominantes, en realidad se tratan de reyertas entre bandidos lacayos del imperialismo, que lo que buscan es poner al pueblo como carne de cañón de las diferentes facciones.

El problema tampoco es escoger entre el ?modelo neoliberal? y el de ?estado benefactor?, ambos de corte imperialista. Tales divergencias no son en torno a si explotar y oprimir sino en cómo hacerlo. Entre los diversos modelos de oprimir y explotar no hay nada que escoger. No es escoger entre monopolio privado y monopolio estatal; o entre democracia reaccionaria y fascismo. La verdadera opción es entre el camino burocrático-comprador y el camino democrático-popular, entre la vía de la represión y la vía de la guerra popular; entre la vía del imperialismo y la de nueva democracia y socialismo. ¡De lo que se trata es de combatir y destruir el sistema, no de hacer las paces con él!

La resistencia y la oposición armada de la guerrilla tradicional
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La ley de la lucha de clases de que la opresión engendra resistencia, no puede ser más evidente que en el país. El pueblo colombiano tiene una rica historia de lucha contra los opresores. Los siglos de formación de la nacionalidad colombiana han sido de lucha contra la opresión extranjera y las clases reaccionarias. Desde hace más de un siglo, el problema nacional y el problema agrario han devenido en los dos principales problemas a resolver para que el país se yerga como una nación independiente y pueda avanzar hacia el socialismo y el comunismo. Reconociendo muchas veces esta realidad, en el transcurso de las últimas décadas han sido planteados distintos enfoques que han dado origen a distintas líneas sobre la revolución que se requiere, y viendo la necesidad de la violencia revolucionaria para ésta(31). A pesar de la presencia de la clase obrera desde principios del siglo XX, no ha existido la auténtica organización de vanguardia del proletariado que partiendo de una correcta concepción del mundo y poniendo por encima los intereses de la clase obrera y el pueblo en general se ponga al frente del movimiento revolucionario. En lo principal, han sido con la concepción de otras clases no proletarias las que han pretendido conducir este proceso, incluso desde la fundación del partido ?comunista? en los años 30, expresándose en buena medida en el seguidismo, al mantener al proletariado a la cola de las políticas burguesas o del movimiento espontáneo de las masas, no preparando a las masas para conquistar su principal reivindicación ?el poder? y no llevando a la clase obrera a mantener su necesaria independencia de clase.

Desde mediados de la década de los 60, bajo la influencia, por una parte de la revolución cubana y por la otra de la lucha de los revolucionarios chinos (dirigidos por Mao Tsetung) contra el revisionismo moderno, surgieron diversos grupos guerrilleros con diferentes líneas políticas que se identificaban ya sea con la orientación emanada de los partidos revisionistas de la Unión Soviética y Cuba, como las FARC-EP (en ese entonces siendo más un apéndice del revisionista Partido ?Comunista? Colombiano) y el castrista y guevarista ELN, o que se identificaban inicialmente con la línea de la guerra popular. concebida por Mao, como el EPL (Ejército Popular de Liberación), orientado por el PCCML (Partido Comunista de Colombia / Marxista-Leninista) que al poco tiempo renegara del maoísmo, sumiéndose en el dogmato-revisionismo hoxhista. Teniendo una concepción del mundo no proletaria (es decir, burguesa y pequeño burguesa) la línea militar de éstos no podía estar más que en consonancia con su cosmovisión, expresándose en gran medida como foquismo, guerrillerismo errante y caudillismo militar.(32)

Desde comienzos de los años 80, las clases dominantes levantaron la bandera de la paz, con la política de tregua armada, diálogo y conciliación, tratando de llevar a las guerrillas al desarme total y la capitulación. Este manejo político del conflicto armado reportó en el pasado reciente la capitulación de por lo menos cuatro grupos guerrilleros, algunos relativamente importantes, pero aún no se ha dado con las FARC ni con el ELN ?los más grandes grupos guerrilleros del país en la actualidad?, aunque un sector de éste último (la llamada Corriente de Renovación Socialista) capituló en los años 80. Ahora, luego del fracaso temporal de los diálogos (a comienzos de 2002) meses antes de finalizar el gobierno Pastrana, se volvió a imponer el camino de la ?guerra total? que ya había ensayado el gobierno Gaviria en los años 90, dándole carta blanca a las fuerzas represivas del estado para que actúen como les dé la gana, y alentándose un aumento de la intervención imperialista, con armas, ?asesores? y otros mercenarios.

La guerrilla tradicional en Colombia ha estado, desde sus orígenes, imbuida por el revisionismo y el reformismo. En sus cuatro décadas de existencia, si bien ha echado mano de métodos radicales de lucha no ha sido para nada radical en sus metas programáticas. Las FARC, desde su formación, recibían la dirección ideológica y política del pro-soviético Partido ?Comunista?, cuando ya la Unión Soviética había caído en manos de una nueva clase burguesa y se había convertido en una potencia socialimperialista (socialista de palabra, imperialista en los hechos). Así, las FARC seguían una política de autodefensa acorde con las ?tres pacíficas? de Jruschov(33), su bastón de mando. Si bien entre finales de los años 80 y comienzos de los 90 se apartaron orgánicamente del PCC vierista criticando las tendencias ?perestroikas? surgidas en el seno de éste y otras desviaciones evidentemente muy alejadas del marxismo(34), continúan defendiendo los planteamientos revisionistas que algunos de sus ilusos áulicos ex maoístas pretenden que ya fueron ?superados?: No buscan barrer con el viejo Estado ni pretenden romper los vínculos con el sistema imperialista, sino que buscan utilizar la vieja estructura estatal para sus propios fines y consideran ?bienvenida? la inversión extranjera, el alma del imperialismo(35). Igualmente, lejos de desechar la concepción militarista de que el fusil manda al partido y no al contrario, la han acentuado, a la vez que el concepto que han tenido de partido es el de un aparato para la lucha en las ciudades (tanto el PCC del que fueran apéndice como el Partido Comunista Colombiano Clandestino que crearon como apéndice): ?Nosotros no dependemos de ellos [del PCC]... A las FARC no se les puede dirigir desde las ciudades?(36).

Por su parte el ELN surgió atado por un cordón umbilical al foquismo(37), aunque posteriormente lo cuestionaran en parte sin superarlo, ya que la base de su pensamiento (al igual que el de las FARC y demás revisionistas) es la concepción idealista acerca del conocimiento como ?acumulado? de experiencias y desarrollo lineal (y no de síntesis y saltos dialécticos), lo que no les permite concebir rupturas con ideas erróneas. Esa concepción idealista y pragmática, es parte de la concepción del mundo de las clases dominantes. El ELN, a pesar de autoproclamarse defensores del marxismo-leninismo, lo han visto más como un ?humanismo? al que tratan de conciliar con el cristianismo y con el ?pensamiento latinoamericano?, un potaje acomodadizo que han definido como ?el ideario de Mariátegui, el Che, nuestros comandantes Manuel Pérez Martínez y Camilo Torres Restrepo, del Libertador Simón Bolívar y José Martí? junto con el de ?Hostos, Vargas Vila y Rodó?(38), para contraponerlos a la ideología y ciencia de la revolución, el marxismo-leninismo- maoísmo, al que consideran ?ajeno?.

Tanto las FARC como el ELN, integran dos en uno los contrarios al soslayar las diferencias de clase prefiriendo hacer referencia a la ?sociedad civil?, las ?fuerzas vivas de la sociedad?, el ?carácter dual? del Estado, lo que les lleva a abogar por la conciliación de clases. Tales posiciones no tienen nada que ver con el marxismo. Nunca ha sido posible en la historia ni será posible en el futuro un poder estatal que simultáneamente represente a clases con intereses contrapuestos. El marxismo considera como hipocresía burguesa toda cháchara sobre reformas y colaboración de clase. El poder estatal es o dictadura del proletariado (en sus diferentes formas) o dictadura de las clases explotadoras, no tiene sentido siquiera imaginar un poder que actúe entre estas dos. Esto es igualmente válido para la libertad y la democracia, hablar de libertad y democracia de modo aceptable para el capitalista y el obrero, el terrateniente y el campesino, la nación oprimida y el imperialismo no pueden tener un significado distinto que servir en últimas a la clase explotadora traicionando el marxismo y la experiencia de la lucha de clases. Esto es parte del ABC del marxismo.(39)

A pesar de que los comandantes de las FARC y del ELN repiten con frecuencia su palabrería sobre ?socialismo? y ?marxismo-leninismo?(40), esto no hace más que ocultar su tergiversación y desprecio con respecto a la ideología del proletariado internacional. Cuando la guerrilla tradicional habla de instaurar el ?socialismo? lo que tienen en mente es algo así como una especie de ?Estado de bienestar?(41) o, en los casos más ?radicales?, un capitalismo monopolista de Estado con una nueva elite ?de izquierda? al estilo de la antigua URSS revisionista(42), pero en ningún caso instaurar una dictadura de obreros y campesinos, un Estado donde las masas puedan tomar en sus manos el destino de la sociedad y rehacerla toda, literalmente, de abajo arriba, durante la misma guerra, una sociedad de nueva democracia y una vez conquistado el poder en todo el país pasar ininterrumpidamente a construir el socialismo, como parte de la revolución mundial, como transición hacia el comunismo a través de revoluciones culturales.

A diferencia de los marxistas y al igual que los reformistas de todo pelambre desde la época de Marx, la guerrilla tradicional colombiana ve el problema no principalmente en las relaciones de propiedad, sino simplemente en la ?desigual distribución del ingreso?. No están por acabar la explotación capitalista y el saqueo imperialista sino por suavizarlos. Plantean que el problema ?no es quitarle la plata a quien la tiene, sino asegurar una inversión en los sectores menos favorecidos y generación de empleo?(43). Sueñan con un ?capitalismo democrático? al estilo de las viejas revoluciones burguesas de los siglos XVIII y XIX, camino completamente superado por la historia. Por el contrario, para el marxismo lo que está mal es todo el sistema y esto no se puede cambiar con redistribuciones de riqueza, dejando intactas las viejas relaciones de explotación capitalistas, la rapacidad imperialista, la servidumbre y el gamonalismo, la opresión de la mujer y de las minorías nacionales, etc.(44)

El problema de todo este reformismo ?armado o no? es que atacan los efectos dejando intactas las causas: el imperialismo, el capitalismo burocrático- comprador y el semifeudalismo. Los revisionistas y reformistas, como cualquier burgués comprador, consideran que la inversión imperialista ?es imprescindible para el desarrollo de la nación?. En la misma tónica que la burguesía, pretenden una ?reforma agraria? a secas, una medida burocrática implantada desde arriba, cuando lo que necesita el campo es una revolución agraria, es decir no sólo la confiscación revolucionaria del latifundio mediante la movilización armada del campesinado sino principalmente aplastar el poder terrateniente y capitalista burocrático-comprador y poner el poder en manos de las masas pobres del campo. Incluso los revisionistas son claros en que su reforma agraria sería un ejercicio para después de que se alcance la toma del poder en todo el país, en ningún caso una política para ser implementada en las regiones donde su poder armado permitiría realizarla en lo inmediato.

Su concepción del mundo no le permite a la guerrilla tradicional construir un verdaderamente nuevo poder en sus zonas de influencia. En ninguna parte han destruido la caduca maquinaria estatal burocrático-terrateniente, que ha venido explotando y oprimiendo a las amplias masas campesinas. Como simple ?oposición armada? centran en la corrupción como el problema principal del Estado y llaman a elegir funcionarios ?transparentes? que hagan una buena destinación del gasto público. También creen que es posible conformar un gobierno ?de unidad nacional?, donde quepan ?todos los colombianos?, es decir ellos unidos a los políticos tradicionales, la iglesia, los gremios, la aristocracia obrera, todo en el marco de las viejas instituciones. Ya sea porque busquen con la sangre del pueblo presionar acuerdos en la mesa de diálogo, ya porque siembren ilusiones constitucionales de supuesta ?participación popular?, su visión del Estado no transciende los estrechos límites de la democracia burguesa.

Su incapacidad para construir un nuevo Estado y una nueva economía proviene de su concepción ideológica y política reflejada en lo organizativo y militar: Las masas de campesinos, artesanos y semiproletarios y obreros son espectadoras pasivas o simples ?auxiliadores? sin ninguna autoridad en las zonas de control guerrillero. Desprecian la educación de las masas con el pretexto del atraso de éstas y consideran que ?sólo se mueven por el estómago? y por tanto la política y la filosofía les son ajenas. El poder cae de lleno en manos de los caudillos guerrilleros, quienes deciden al viejo estilo semifeudal sobre los problemas vitales de las masas. Más que respeto, la guerrilla infunde temor entre el pueblo pues no puede ?ni podrá debido a su errónea línea? representar sus intereses ni ganarse su apoyo de lleno.

La línea militar del revisionismo es una línea militar burguesa
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Desde el punto de vista militar, la cuestión no es muy distinta. Hay muchas diferencias entre lucha armada, lucha armada revolucionaria y guerra popular. Una guerra o un ejército no es popular simplemente por su nombre o por el origen de clase de quienes le componen. Todos los ejércitos tienen una composición de clase de origen popular. Lo que importa no es quiénes hacen la guerra, sino la política que está al mando en la guerra, pues sería absurdo aceptar solamente que ?guerra es guerra?, pues la guerra es la continuación de la política por medios armados y por tanto su carácter lo define la línea política de la que es continuación, que esté al mando. Tampoco su carácter lo definen las buenas intenciones. Los maoístas no ponemos en duda las buenas intenciones de la gran mayoría de combatientes e incluso de algunos dirigentes de los revisionistas armados o no.

La quintaesencia del pensamiento y línea marxista, que hoy es marxista-leninista- maoísta, sobre la construcción del ejército es dar prioridad a la política proletaria, es decir, primero y ante todo, construir un ejército en lo político. Para los marxistas, analizar el carácter de una guerra lo fundamental es tener en cuenta su carácter de clase y la política de la cual es continuación. Lenin lo sintetizó muy certeramente: ?Teóricamente sería erróneo olvidar que cada guerra es sólo la continuación de la política por otros medios? (45). ?El carácter de clase de una guerra es lo fundamental que se plantea un socialista?. ?El socialista, el proletario revolucionario, el internacionalista razona de otra manera: el carácter de la guerra (la guerra es reaccionaria o revolucionaria, justa o injusta) no depende de quién haya atacado, ni del territorio en que esté el enemigo, sino de la clase que sostiene la guerra y de la política de la cual es continuación esa guerra?(46).

La guerra popular además de destruir los cimientos del viejo Estado, tiene que construir un nuevo poder de las masas, pues lo fundamental de cualquier guerra es el Poder, la toma del Poder si no se tiene o defenderlo si se tiene. Aplastar el poder del enemigo, destruir el viejo Estado (y su base fundamental: el ejército) y llevar a que las masas, dirigidas por el proletariado, asuman el Poder, ejerzan el Poder. No es librar una guerra para presionar por reformas sociales, o para soñar con compartir el viejo poder con las clases reaccionarias y el imperialismo.

Así como juzgamos a los individuos por lo que hacen (y no por lo que piensan de sí mismos), también juzgamos a las organizaciones por sus acciones y no por su fachada seudo-marxista. Lo que le da el carácter radical y verdaderamente revolucionario a una lucha, no es sólo lo radical de sus métodos, sino lo radical de sus objetivos. Y en esto la guerrilla tradicional no tiene nada de radical. Por ejemplo, la concepción y programa del las FARC no les permite que su práctica apunte a resolver los dos problemas fundamentales de la sociedad colombiana, el problema nacional y el problema agrario.(47)

Algunas organizaciones apologistas de las FARC, y que se declaran maoístas, como el Partido Comunista de Colombia ? Maoísta (PCC-M) niegan la existencia del revisionismo, y por tanto no lo pueden ver en las FARC ni en ellos mismos; ven como simples ?errores? lo que es toda una concepción de mundo equivocada, toda una línea ideológica y política revisionista(48). Para los auténticos maoístas (auténtico no quiere decir ?sin errores? como estúpidamente plantea el PCC-M), lejos de ser simples ?errores? se trata es de una concepción del mundo completamente opuesta. En una sociedad donde existen clases y lucha de clases, ninguna de sus esferas vive en un vacío político, se encuentran o bajo la guía de la ideología proletaria o bajo la guía de la ideología burguesa. El ejército es un instrumento de la lucha de clases, o sirve a la política proletaria o sirve a la burguesa, nunca ha existido ni existirá un ejército que esté separado de la política. El pensamiento militar de todos los oportunistas está basado en la teoría de que las armas lo deciden todo. No confían en las masas, no se apoyan realmente en ellas, en su participación consciente, y a lo sumo las utilizan, en el sentido pragmático. Se opone a armarlas, se oponen a organizarlas en auténticas milicias populares y al gran concepto estratégico maoísta sobre la guerra popular, se oponen a desencadenar todo el potencial revolucionario de las masas para implementar el programa revolucionario.

Quienes tienen la concepción burguesa se basan en que la técnica y no la gente ocupa el primer lugar, que la técnica lo decide todo. Usan la teoría de obtener la victoria mediante armas superiores para oponerse a armar a las masas populares, y a enfrentar la agresión imperialista con la guerra popular. Piensan que se puede derrotar al enemigo apoyándose únicamente en el equipamiento técnico. Esto es el típico pensamiento militar burgués.

La línea militar proletaria ha sido sintetizada de manera científica y clara mediante principios e importantes medidas para dar prioridad a la política proletaria: poner en el primer lugar el factor humano al tratar la relación entre las armas y el hombre; el trabajo político al tratar la relación entre el trabajo político y los demás trabajos; el trabajo ideológico al tratar la relación entre el trabajo ideológico y el rutinario en el trabajo político; y las ideas vivas al tratar la relación entre las ideas vivas y las librescas en el trabajo ideológico; firme y justa dirección política; abnegación y sencillez en el trabajo; flexibilidad y agilidad en la estrategia y la táctica; y desarrollar la democracia en las tres esferas principales (tanto en la política y la económica como en la militar).

Es cierto que las FARC tienen ahora una capacidad de destrucción relativamente grande, pero no cuentan con la capacidad política ?ni la ideología? para movilizar a las masas en construir lo verdaderamente nuevo. Su línea ideológica, política, organizativa y militar las incapacita para atacar las raíces del atraso y terminan apuntalando aquello que proclamaban combatir. La historia es rica en ejemplos al respecto. Su experimento no sería muy distinto de experiencias como la de Nicaragua o Cuba, donde fuerzas democrático- burguesas intentaron una tercera vía entre capitalismo y socialismo, la que no pudo sostenerse por mucho tiempo, o una versión economicista y pragmática del ?socialismo?, viéndose obligados a negociar ante una u otra potencia imperialista.

Cada clase tiene su propia estrategia para desenvolver la guerra y se equivoca si pretende utilizar la estrategia de sus enemigos para derrotarlos. Como sintetizó brillantemente Mao Tsetung: ?ustedes [los imperialistas, burgueses y terratenientes] combaten a su manera y nosotros [el pueblo] a la nuestra?. Es inevitable que fuerzas dirigidas por el revisionismo, hagan suya la estrategia burguesa de centrar en las armas y la técnica, desechando el apoyarse en las mujeres y los hombres del pueblo, para despertar su iniciativa en la guerra popular. Y es aún peor la ilusión de creer que los revisionistas podrían liderar una auténtica guerra popular. Creer posible que puedan virar hacia la política y estrategia del proletariado, sólo con el deseo de que así sea, es caer en el idealismo histórico y creer que las clases pueden de buenas a primeras cambiar sus intereses y su línea. Las actuales guerrillas colombianas tienen la concepción y representan los intereses principalmente de clases distintas al proletariado. Son fuerzas no proletarias. Es bueno que otras fuerzas se rebelen incluso de forma armada, pero debe ser bajo la dirección del proletariado, de otra manera devienen en fuerzas opuestas al proletariado en vez de aliados.

En síntesis, las guerrillas tradicionales no han solucionado ni pueden solucionar los grandes problemas de la sociedad colombiana. Su lucha no apunta a la contradicción con el imperialismo, el capitalismo burocrático-comprador y el semifeudalismo, sino a insertarse tarde o temprano como nuevas capas de las clases opresoras. No importa el dramatismo o grado de agudización de la guerra, ya sea con desembarco de tropas extranjeras o no. Las guerrillas reformistas y revisionistas no pueden encarnar una salida auténticamente revolucionaria a los problemas de la nación y el pueblo; y sólo corresponde al proletariado ponerse al frente de la lucha de las masas contra las tres montañas que las oprimen: el imperialismo, el capitalismo burocrático-comprador y el semifeudalismo.

El camino para el pueblo hoy es prepararse para iniciar, dirigir y llevar a la victoria una auténtica guerra popular, lo más pronto posible. La transformación de la guerra actual en Colombia en guerra popular prolongada no es convertir a los dirigentes reformistas y revisionistas en maoístas, sino transformar la situación de la lucha de clases, de modo que aquellos de las masas que buscan armarse para combatir la explotación encuentren pronto la alternativa del proletariado. Cuando Lenin llamaba a convertir la guerra mundial en revolución no pretendía, por supuesto, convencer a las potencias combatientes o alinear a los ejércitos que estaban en la guerra para hacer la revolución.

El camino del pueblo: preparar la auténtica guerra popular prolongada
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Una auténtica revolución popular no puede realizarse conquistando la mayoría en el parlamento o eligiendo un presidente ?popular? que adelante las transformaciones urgentes de la nación. La historia es rica en lecciones al respecto. En América Latina, desde el Chile de Allende hasta el Brasil de Lula o la Venezuela de Chávez las ilusiones han venido transformándose rápidamente en frustraciones. Como nos enseñó Marx, la destrucción de la vieja máquina estatal militar burocrática es ?la condición previa de toda verdadera revolución popular?(49). No es tan sencillo como arrebatarles la maquinaria estatal a los opresores y utilizarla para nuestros propios fines. Un partido revolucionario debe comprender claramente ?y enseñarlo a las amplias masas? que todo Estado encarna una dictadura de clase y que los Estados serviles al imperialismo no pueden cumplir las tareas de la verdadera revolución nacional y democrática.

El problema no está en unos cuantos individuos en posiciones de autoridad (que se pueden cambiar por otros), ni en unas cuantas leyes reaccionarias (que se pueden cambiar por otras). El problema es el sistema chupasangre en su conjunto, que sólo puede derrocarse construyendo un verdadero partido comunista, que se ponga al frente de la lucha de clases y convoque a las masas a levantarse en armas para construir paso a paso, órganos del poder popular en las bases de apoyo, en medio de la guerra popular prolongada, para, en su transcurso, tumbar por la fuerza a los esbirros del imperialismo con todas sus podridas instituciones, incluidas las genocidas fuerzas armadas.

Para el proletariado, la solución del problema de la tierra debe ir mucho más allá del planteamiento democrático burgués de las FARC. Los comunistas no pueden limitarse simplemente a repartir la tierra entre quienes la trabajan. Deben a la par erradicar el gamonalismo que se sustenta en el monopolio sobre la tierra, destruir su maraña de dominación política y militar, romper con el atraso semifeudal no sólo en cuanto a las fuerzas productivas sino además en la superestructura, erradicando las formas serviles de opresión, liberando a la mujer de las cadenas que la atan y construyendo una nueva política y una nueva cultura que se ponga a tono con la defensa de la nación y de los obreros y campesinos.

Para los comunistas, una transformación radical, requiere una revolución completa en las relaciones de producción y en la superestructura, que empiece por solucionar los dos problemas fundamentales, e íntimamente relacionados, de la sociedad colombiana: el problema de la autodeterminación nacional y el problema agrario. Estos serán los primeros pasos hacia la ruptura más completa con las relaciones de propiedad tradicionales y con las ideas tradicionales correspondientes a esas relaciones de producción. Para esto, los comunistas deben construir el Poder rojo de las clases revolucionarias y movimientos revolucionarios sobre la base de la alianza obrero-campesina, por medio de la guerra popular, para derribar las tres grandes montañas que oprimen a nuestro pueblo. El partido comunista auténtico tiene que lidiar con la solución de estos problemas, so pena de desaparecer. Necesariamente al proletariado colombiano le toca asumir esta tarea, para poder avanzar hacia el socialismo y el comunismo y contribuir así a la revolución proletaria mundial.

La revolución democrática popular no sólo es necesaria y urgente, también es muy viable en las condiciones actuales de Colombia. Se necesita poner al derecho lo que hoy anda patas arriba ¡que es casi todo!: las mejores tierras dedicadas a la ganadería mientras los campesinos cultivan en laderas o tienen que migrar por millones a los tugurios de las ciudades grandes y pequeñas; la producción dedicada al mercado imperialista y el pueblo sumido en el hambre y la miseria; los que trabajan no ganan mientras ganan a chorro los que no trabajan. Esto es lo ?lógico? y lo ?normal? en este sistema, pero va en contra del progreso y es demencial y criminal para la inmensa mayoría de la humanidad. Se requiere una revolución, que transforme la sociedad de pe a pa y no simples cambios de fachada. Una revolución se caracteriza por las fuerzas productivas que libera y las relaciones de producción que destruye, en especial las relaciones de propiedad, lo que no han hecho ni harán las guerrillas imbuidas de la concepción burguesa del mundo.

Los explotadores harán resistencia a un cambio así. ¡Están haciendo resistencia! Para eso utilizan la fuerza de las armas, los tribunales, las cárceles, los medios de comunicación. ¡Y también con la fuerza de las armas deben ser derrocados! Sabemos del daño que ha hecho una guerrilla que finge ser ?marxista? ante los ojos del pueblo y sentimos con las masas el dolor por el hecho de estar involucradas en una guerra que no es realmente una guerra por su auténtica liberación. No obstante no existe otra salida a la violencia reaccionaria que la violencia revolucionaria. Como dijo Mao: ?Somos partidarios de la abolición de la guerra; no deseamos la guerra. Pero la guerra sólo se puede abolir mediante la guerra. Para acabar con los fusiles se debe empuñar el fusil?. Necesitamos convertir algo negativo (el dolor, la opresión) en algo positivo (liberador y combativo). Por supuesto no es ocultando o negando la existencia de ese lado negativo, sino criticándolo y luchando por transformarlo en su opuesto: la guerra popular. La cuestión es que hoy, y en todo el mundo, lo que se requiere es una guerra popular maoísta, que sea parte de la revolución proletaria, que su carácter de popular provenga no sólo del aspecto cuantitativo de los combatientes sino que involucre a las masas populares en general para que se levanten y luchen, conscientemente, en aras de sus propios intereses, y que tenga como meta el acabar con la explotación y opresión en todo el mundo y para siempre. Eso requiere que el pueblo cuente con su propio ejército (que al comienzo será un ejército guerrillero) ?que a la vez que combate, movilice y produzca? bajo la dirección del partido del proletariado, un partido guiado por la ideología y política marxista-leninista-maoísta. Las tareas actuales, todas urgentes, plantean exigencias grandes y difíciles pero, por supuesto, superables.

A los comunistas en las naciones oprimidas por el imperialismo, como Colombia, corresponde centrar la atención en las zonas rurales con el objetivo de iniciar la lucha armada convirtiendo las zonas rurales atrasadas en bases de apoyo avanzadas y sólidas, en grandes posiciones militares, políticas, económicas y culturales de la revolución. La importancia del campo para la revolución no es sólo cuestión de dónde están los problemas de la sociedad, o la mayoría del pueblo, sino de dónde estarán las soluciones, dónde se puede ir creando paso a paso lo nuevo. He ahí la médula de la estrategia política del proletariado, la única que permite expandir en oleadas la rebelión de las amplias masas y la única que garantiza la defensa de sus conquistas en éste y los demás países oprimidos. Por supuesto que esta estrategia tiene en cuenta las nuevas situaciones, como el enorme crecimiento de las grandes ciudades(50), a sus estratégicos cinturones de barrios periféricos y a la posibilidad, desde el inicio mismo de la guerra popular, de acciones armadas en las barriadas y la mayor importancia relativa que toman los preparativos de insurrección urbana como parte inseparable de la guerra popular.

El frente único de clases revolucionarias bajo liderato proletario, elemento clave de la estrategia del pueblo opuesto al frentismo
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Hoy viene calando la idea entre algunos que se dicen revolucionarios de que, frente a la situación actual, se pone al orden del día la construcción de un frente antiimperialista que necesariamente estaría encabezado por las FARC ya que ?señalan? por librar la lucha armada hay que apoyarlas, sin importar la línea política y la ideología que está al mando.

Es cierto que los revisionistas tienen relativa influencia entre las masas y que el proletariado aún no irrumpe en la escena política nacional con la fuerza que se requiere. Pero los comunistas somos materialistas, no nos basamos en la ?mayoría? del momento ni le tenemos miedo a ser ?impopulares? por algún tiempo. Nos basamos en el marxismo-leninismo-maoísmo, no de manera dogmática sino luchando por aplicarlo a las condiciones concretas del país y sabemos que una línea correcta con frecuencia tiene que abrirse paso en ardua lucha contra las ideas erróneas y que no siempre cuenta con la mayoría pero tarde o temprano ganará a las masas y avanzará la revolución por caminos tortuosos, llenos de recodos.

Los comunistas no podemos pasar por alto las diferencias de principio que nos separan de las fuerzas no proletarias o burguesas (de la pequeña burguesía o de la burguesía media o ?nacional?) si bien se busca que éstas hagan parte del frente de clases revolucionarias pero bajo la dirección del proletariado. No podemos dejar de lado el carácter de clase de las FARC, su esencia revisionista y no podemos soslayar que no hay nada de común entre el marxismo y la concepción bolivariana, concepción trasnochada muy propia para comienzos del siglo XIX, cuando podía llevarse a cabo una revolución democrático-burguesa de viejo tipo, pero que en la época del imperialismo (¡y de la revolución proletaria!) llevará indefectiblemente a caer más temprano que tarde en los brazos del imperialismo. A los comunistas corresponde ponerse a la cabeza del movimiento revolucionario antiimperialista de las masas y no caminar a la cola de las fuerzas no proletarias, sometidos al vaivén de sus vacilaciones y concesiones.

A fin de establecer su dirección en la revolución democrática de nuevo tipo y socialista, el proletariado debe disponer de un partido sólidamente cohesionado y organizado, con un programa y una táctica realmente proletarias, que alumbren el curso de la revolución. Debe dominar la forma principal de lucha, la lucha armada, y conformar un amplio frente unido antiimperialista y antifeudal, bajo su dirección y basado en la alianza obrero campesina. Sin un partido auténtico con programa y principios claramente comunistas y sin un ejército rojo construido por dicho partido y aplicado a barrer los obstáculos materiales de la revolución, sería imposible construir tal frente de clases y organizaciones revolucionarias y llevar a las masas y la nación por la senda del triunfo sobre el imperialismo y sus lacayos.

La conformación de un frente con las fuerzas reformistas y revisionistas no significa que éstas acepten el programa del proletariado, sino que por el contrario el proletariado termina apoyando el programa burgués en reemplazo de su propio programa. Este error ha sido cometido con frecuencia por los partidos comunistas en el último siglo. Terribles experiencias se vivieron en China durante los primeros años del Partido Comunista, cuando éste aún inmaduro, dirigido por la línea derechista de Chen Tu-siu, prácticamente se disolvió en las filas del Kuomintang durante la Guerra de Expedición contra los caudillos militares del norte, saboteando el trabajo campesino y la conformación del ejército rojo. Es bien conocida la carnicería que desataron los nacionalistas en contra del Partido Comunista, una vez hubieron coronado su objetivo de aplastar a los caudillos militares del norte. No fue muy distinta la experiencia del Partido Comunista de Indonesia en los años 60(51). En su afán de unirse a las fuerzas nacionalistas burguesas del presidente Sukarno, los comunistas rebajaron la línea del partido y le dieron un carácter burgués liberal, dejando en manos del ejército de Sukarno la tarea de ?defender y avanzar la revolución? y se limitaron a llamar a la más fuerte cohesión en el Frente Único sin hacer un análisis crítico de su programa y diluyéndose en dicho frente, cambiando totalmente el sentido del frente único por una alianza sin principios que transformó el partido comunista en un partido legal dedicado a co-gobernar. Cuando se desató la represión, el partido fue incapaz de actuar y fue prácticamente aniquilado y la revolución se aplazó indefinidamente.

Esa es la táctica que están proponiendo no pocos individuos progresistas y revolucionarios e incluso algunas organizaciones ?maoístas?(52): la construcción de un ?frente antiimperialista? en unidad con las guerrillas, principalmente de las FARC. Esto es tomar un atajo muy peligroso. Los comunistas revolucionarios colombianos, al no tener todavía un partido constituido ni un ejército dirigido por tal partido, necesariamente tendríamos que plegarnos a la conducción política y militar de la guerrilla, con lo cual quedaríamos completamente maniatados para actuar con independencia y autodecisión. Los comunistas quedaríamos en condición de simples demócratas-burgueses que andaríamos a la cola de las guerrillas burguesas y de los otros partidos reformistas y revisionistas que las apoyan.

La concepción del Frente es diferente para los maoístas. Es correcto unirse con los sentimientos de resistencia de las amplias masas. De hecho es muy importante que nos unamos con esos sentimientos pero a la vez teniendo cuidado de no ponernos a la cola de ellos ni de sus representantes revisionistas y reformistas, armados o no. Es decir, unirnos con los sentimientos básicamente correctos de las masas, pero hacerlo de una manera que eleve su comprensión acerca del verdadero enemigo ?el sistema en su conjunto, las ?tres montañas? que oprimen al pueblo? y de la necesidad de dirigir la lucha contra este enemigo. Necesitamos profundizar nuestro trabajo hacia dirigir la furia y la lucha de todos los que puedan unirse en oposición al sistema y al mismo tiempo evitar la trampa de fortalecer, sin quererlo, el ya fuerte impulso espontáneo hacia canales reformistas como la política electoral que es promovido activamente por las clases dominantes mismas así como por varias fuerzas dentro de los diversos movimientos contra la guerra, la globalización, el ALCA, el alto costo de la vida, etc. Al mismo tiempo, este enfoque básico no debe frenarnos de unirnos con amplias fuerzas que no necesariamente comparten nuestro punto de vista siempre que sea apropiado y posible. La cuestión es luchar por unirnos con tales fuerzas sobre una correcta base, en función de la resistencia y de elevarla a revolución, consolidando el frente para una vez iniciada la guerra popular, empezar a echar bases del nuevo Estado con estas fuerzas, en los comités populares y bases de apoyo.

Sólo un partido auténticamente comunista, un partido maoísta, puede conducir la revolución a la victoria
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Aunque el proletariado está débil y la guerra actual lo puede dejar relegado, temporalmente, a un segundo o un tercer plano, lo que se pone a la orden del día es ponernos los comunistas proletarios en las mejores condiciones para preparar, iniciar, desarrollar y llevar a la victoria la auténtica guerra popular. Esto ha costado y costará muchos sacrificios, pero es el único camino hacia la verdadera liberación del pueblo. La situación exige dar los pasos necesarios inmediatos para culminar la organización del proletariado en su partido, que asuma la responsabilidad histórica de trazar el camino no trazado, de conducir al proletariado y a las masas al triunfo.

La construcción del Partido se ha venido abriendo paso en medio de la lucha de clases no sólo contra el pesimismo propio de la burguesía de creer que el proletariado no puede avanzar si no es plegándose a sectores que no tienen la ideología proletaria, sino también en lucha contra el fraccionalismo, el sectarismo (hacia fuera y hacia dentro) y el seguidismo (el ponerse a la zaga del movimiento espontáneo de las masas); contra la concepción (presente en las FARC) de que el partido es un aparato para ?la política? y el ejército para la guerra como dos compartimientos separados; contra el pluralismo de incluir comunistas y no comunistas en el partido; contra la estrechez de miras y el economicismo (no llevar la política a las masas(53), el no atreverse a dirigir), etc.

El proletariado tiene que templarse en medio de pruebas exigentes y sacar lecciones para aplicar al tipo de organización clandestina y de lucha ilegal y preparar sus fuerzas para iniciar la auténtica guerra popular que sí lleve, por fin, a las masas a que aprendan a gobernar. Hoy están más maduras las condiciones para que surja el partido del proletariado, existiendo un núcleo organizado en torno al Grupo Comunista Revolucionario, que viene luchando por dotar a la clase de la línea, el programa y el plan para la revolución de nueva democracia, como paso necesario para poder avanzar hacia el socialismo y el comunismo por medio de revoluciones culturales.

En estas dos décadas se han visto surgir diferentes círculos y agrupaciones que plantean enarbolar, defender y aplicar el marxismo-leninismo-maoísmo, sin que haya habido un verdadero espíritu comunista de buscar unir en un solo partido a los revolucionarios. La unidad de los comunistas en el partido y la unidad del partido con las masas constituyen una necesidad urgente de la lucha de clases. Corresponde fortalecer un centro, no como sumatoria de líneas y agrupaciones, sino como producto de la lucha ideológica y política en torno a una única línea correcta, trajinando el camino hacia la unidad de los auténticos comunistas, luchando fuertemente contra el sectarismo, promoviendo un correcto estilo que se base en el respeto mutuo, la ayuda recíproca, la sana y elevada discusión sobre principios, practicando el marxismo y no el revisionismo, trabajando por la unidad y no por la escisión, y actuando en forma franca y honrada y no urdiendo intrigas y maquinaciones.

Si se crean las condiciones para desarrollar más la unidad de los susceptibles de ser unidos, podemos empezar muy pronto a cambiar nuestra debilidad en fuerza, pasar de pequeños a grandes, y lograr una unidad en medio de la lucha de clases, incorporando a las masas al frente y al ejército en torno al partido proletario de nuevo tipo. Las fuerzas opuestas al proletariado son hoy mayoría, los maoístas actualmente estamos en minoría relativa dentro del movimiento obrero, pero si avanzamos en la dirección que estamos trazando podremos superar el estado de debilidad y dispersión en que se encuentra la organización del proletariado hoy. Es necesario que haya una correcta relación entre la teoría y la práctica, entre el decir y el hacer, combatiendo el maoísmo platónico, el hablar de revolución de nueva democracia y no prepararse seriamente para iniciar, desarrollar y llevar a la victoria una auténtica guerra popular. La unidad es por tanto en torno a una única tarea central: los preparativos para el inicio de la guerra popular y la construcción del Partido como el principal de los preparativos. Y ya se han venido sentando bases firmes para avanzar en esta dirección.

La historia depende mucho de lo que los comunistas hagamos o dejemos de hacer hoy ante los retos y posibilidades que se presentan ante nosotros. Como atinadamente plantea la Declaración del Movimiento Revolucionario Internacionalista, ?Debemos intensificar nuestra preparación política, ideológica, organizativa y militar para poder manejar estas oportunidades de la mejor manera posible para los intereses de nuestra clase y para conquistar las posiciones más avanzadas posibles para la revolución proletaria mundial?. Creemos firmemente que la revolución colombiana sólo puede avanzar como parte y al servicio de la revolución proletaria mundial. La revolución en Colombia y toda la región no sólo es necesaria sino muy posible. ¡Nada es imposible para quien se atreve a escalar las alturas!

 http://ac-gcr.org/mri_archivos/colombia/ac28-0408_01.htm


- E-Mail: avenidarevolucionaria@comunista.org Website: http://geocities.com/lanotacomunista


Y ustedes señores maoistas que? 
06.01.2005 19:25

No quiero extenderme por ahora, pero mientras ustedes hablan mucho y analizan dogmaticamente las cosas y realidades, hay miles de Colombianos y colombianas que estan en las montañas combatiendo y resistiendo la arremetida burguesa imperialista y ustedes que?. Hablando de Mao y las tres montañas, la guerra popular y otras cosas mas no se hace la revolucion, Aprendan a nuestros compañeros de Nepal que si han pasado de hablar y escribir bonito ha entrar en la guerra revolucionaria, unico camino de cambiar esta mierda de sistema capitalista y construir la nueva sociedad
Viva el Partido Comunista de Nepal (maoista) 
Don Nadie - 07.01.2005 05:01

El confucionismo es el arma principal del revisionismo, en este caso podríamos decir que usted olvidó que el Partido Comunista de Nepal adoptó el marxismo-leninismo-maoismo como ciencia para combatir la explotación y la miseria.

La Guerra Popular Prolongada (escribir con mayúscula) permitió liberar de la invasión japonesa en China. Así mismo permitió sacudir los ataques yankis hasta tumbarlos como a un tigre de papel.

Si por falta de argumentos no se puede "extender" le invito a practicar lo que el marxismo llama materialismo histórico y el materialismo dialéctico y lea la historia de la GPP en el Perú, las lecciones de las revoluciones en América Latina son una de las más ricas en la lucha revolucionaria contemporanea.

No es de negar la valentía de los revolucionarios en Colombia, El Salvador, Nicaragua, Perú, contra el fascimo en Chile sin olvidar las luchas urbanas en Uruguay, Argentina y Brasil. Veamos también el proceso cubano y expliquemos los estanques de nuestras luchas y avancemos hacia la revolución democrática de nuevo tipo.

Dejemos de lado el sectarismo arrogante y reaccionario y veamos la luz de un nuevo porvenir, ya que tal lo dijo el comapeñero revolucionario chino Mao Tse-Tung, "el camino no será fácil pero el porvenir será radiante".

Fuera yankis de Colombia!
Fuera yankis de mi lindo Ecuador!


Sito de web:http://www.cpnm.org/
 
para que la revolucion nepalesa se consolide 
socialismoobarbarie - 07.01.2005 16:59

mi apoyo al proceso revolucionario de nepal.
eso si, cuando uno habla de maoismo siempre tiene que hechar harto ojo a el nivel de cultos de personalidad que desarrollan. el punto en realidad no deberia ser mao o staalin o marx sino la autoliberacion de l@s trabajadores construyendo dia dia una sociedad sin clases ni opresion.

un poco la razon por la cual la china ahora sea un regimen tipo pinochet (represion de libertades civiles unido con neoliberalismo) se debe en parte a que nunca se bajo el proceso revolucionario a las multitudes como para que estas despues defiendan un camino anticapitalista desde la vida diaria, y en ves de esto se erigio una burocracia inmensa lo cual creo un grupo que muy bien podia terminar erigiendose por sobre la gente y defender intereses propios y preocupaciones alejadas de las multitudes lo cual significo que en la coyuntura de los años ochenta la cupula del partido comunista chino llego a creer que lo mejor era entrar de cabeza en el modelo de globalizacion enoliberal y todo esto con incentivar a una nueva burguesia la cual actualmente es tan inmensa y tan rica como cualquiera en donde sea. y asi pues al inmensa pobreza que existe en china ademas de la falta de libertades civiles.

mao en alguna forma manifesto un sentimiento anti burocracia y anti regreso a el capitalismo. pero presisamente en su gobierno el y la cupula del partido enfatizaron una vision de socialismo y una construccion de socialismo por demas centralista, burocratica, jerarquica y con demasiados tintes burgueses de deseo de industrializacion y desarrollo de fuerzas productivas.
lo peor es que en la guerra civil contra las fuerzas de chian kai chek, el partido comunista chino enfatizaba el valor de "autosuficiencia" y asi logro mantenerse hasta por ultimo destruir el estado burgues. esta practica de autosuficiencia era real y lograba una real casi autogestion y autosostenibilidad. se llego a crear en algon momento inclusive lo que se llamo soviets. proque abandonaron esta vision, era claro que solo la veian como una mera solucion a la escazes en la lucha guerrillera y al sabotaje burgues. nunca parece haberse esto visto como talves tambien la base para la sociedad que se crea crear, osea como base para el comunismo y en tanto como el comunismo se veria. pero es claro que cuando derrocaron a chian kai chek decidieron crear un estado centralista. pues bien. alli estan los resultados.

ojala en nepal se aprenda de estos errores. ademas ojala se respete las identidades etnicas las cuales muy bien pueden servir de formas mas puntuales de consolidacion de una vida practica comunista.

si esque toda esta critica representa una ruptura o diferencia con el maoismo en si es claro que yo no soy maoista. pero en cambio si soy comunista y quiero sinceramente que la revolucion en nepal se consolide y enseñe con el ejemplo al resto del mundo de como "otro mundo es posible" como dice ahora la gente despues de los foros sociales.

E-Mail: socialismoobarbarie@yahoo.com
El anarkismo no es la dictadura del proleta! 
Coné - 09.01.2005 00:23

A mi parecer sus conocimientos eruditas faltan de análisis marxista, ya que su análisis confucionista es más bien libertario y digno de la apología a la pereza.

La revolución china bajo el mando del gran timonel (el compañero revolucionario Mao) dió lo que se definió como "el gran salto hacia adelante" y ayudó a construir la China moderna.

Este gran salto adelante se llevó a cabo bajo una dirección ideológica más bien que la susodicha estrategia económica de los troskos, es decir sí se realizó mingas de autosuficiencias que lejos de ser administradas por la autogestión anarquista responden a las linéas ideológicas de la Revolución Cultural, tarea principal de la revolución socialista para concluir con el valor mercantil y pasar al valor utilitario y poner fin al régimen capitalista.

Cabe decir que la estrategia economicista de los troskos no busca eliminar de raiz el capitalismo, más bien busca el afianciamiento con el capital a ver si humanizan la bestia. Por otro lado la autogestión anarquista busca liberar zonas para poder administrarlas y exigir la negociación con las autoridades anarquistas sin buscar el aniquilamiento total del sistema imperialista, en la misma línea buscan aniquilar el estado esperando la oportunidad de afianzar algún puesto que esté libre. El mejor ejemplo contemporanéo del anarquismo es en Argentina a finales de diciembre 2001 cuando las protestas abrieron las puertas de la casa rosada y echaron 5 presidentes en dos semanas, no había estado, quién tomó el poder? Desgraciadamente a pesar que las brigadas comunistas abrieron camino en el centro de Buenos Aires con valentía, no hubo partido comunista que guie las masas. Hoy en día los subsidios para proyectos barriales son el salario de toda la escuadrilla troskista y anarquista, sin olvidar todos esos falsos comunistas, que apaciguan las masas.

Cuando el presidente Mao llama a los guardias rojos para que ataquen todos los cuarteles del revisionismo, es decir de los falsos comunistas que gobiernan la china de hoy en día, se promueve la Revolución Cultural como estrategia de masas y así combatir la educación burguesa que pudre la lucha del pueblo.

No olvidemos que la lucha proletaria nace con la Commune de París en 1871, entonces podemos decir que si utilizamos el materialismo histórico la historia proletaria tiene una vida de 134 años hasta hoy en día, ahora si utlizamos el materialismo dialéctico podemos decir que la historia nos enseña que ahí donde hay opresión hay resitencia, y sin querer parecer ingenuo la bestia imperialista no tiene piedad por el sufrimiento y el hambre que pasamos cada día.

La vida no comenzó en al año 1871 y no terminará en 2005, largos senderos hemos caminado desde el comienzo de la humanidad y largos senderos caminaremos hantes que la bestia imperialista vomite su última tripa. Las victorias y las derrotas son unidad de una misma contradicción y esta contradicción se llama revolución socialista. Las lecciones proletarias deben ser asimiladas y analizadas sin miedo al cálculo. La respuesta justa nos dará un producto que servirá a alimentar cada niño con hambre donde los hechos de Riobamba serán verguenza burguesa, una respuesta erronéa será un salto hacia atrás donde el capitalismo de estado disfrazado de comunista aplastará con sus tanques tal vil facista a las flores nacientes de una nueva sociedad.

En mi lindo Ecuador la corrupción es pan de cada día que alimenta al capitalismo burocrático que administra el capital extranjero. No deja de ser alimento de los capitalistas nacionalistas que no quieren perder sus propriedades. La justicia burguesa sirve los intereses de la burguesía. Las elecciones burguesas sirven a la burguesía. El ejército burgués sirve a la burguesía. La clase proletaria debe tener su Partido, su propio ejército y su frente de lucha para crear el poder popular que nos libere de la opresión capitalista.

Ahora llamemos las cosas por su nombre, las capitalistas son unos mal paridos que buscan explotar al proletariado para sus fines lucrativos, los comunistas son los que defienden al proletariado contra los terroristas imperialistas. El marxismo-leninismo-maoismo es la ciencia liberadora del proletariado.

Si gusta le canto una canción del autor-compositor Victor Jara, militante comunista que perdió sus manos combatiendo el fascimo pinochetista: "usted no es nada, no es chicha ni limonada se la pasa pajareando compaie, basta su dignidad"


Sito de web:http://revoluciónsocialista.org
 
Sobre los comentarios 
Antonio - 09.04.2005 22:52

Compadres, les recomiendo mirar las siguientes páginas:

www.rwor.org
www.cpnm.org
www.ac-gcr.org

En este momento no dispongo del tiempo suficiente para entablar una discución con ustedes, pero me gustaria que le peguen una ojeadita a esas páginas.

Joven Antiimperialista Colombia

E-Mail: chamo199@caliescali.com
Sito de web:http://brigadasantiimperialistas.org
 
revolucion 
pumaruna - 09.10.2005 21:26

El señor seguidor de Mao se llena la voca de citas, y de analista militar pues pareciera tiene la varita magica para que la revolucion en colombia triunfe, idealismo puro, ponen como ejemplo la llamada GPP en Peru, pero no conocen de las atrocidades cometidas por estos señores maoistas en Peru, donde liquidaron el movimiento obrero y popular, apunta de balazo limpio, eso si que fue un apoyo gratuito al imperialismo que hasta ahora se lo agradecen las fuerzas derechistas en Peru, aqui sufrimos sus crueldades y amenazas de muerte si es que no lo apoyabamos, y si eran dirigentes eran conminados a apoyarlos o sino tenian que abandonar su cargo so pena de ser muerto a tiros ACUSADOS como agente del gobierno, eso es la verdad de este grgupo que en Peru se hace llamar "comunista" o SENDERO LUMINOSO, los hermanos Colombianos tienen el derecho de hacer su propio cambio y estan resistiendo a la arremetida del imperio mas sus lacaYOS pero otros parec que se dedican a filosofar en un cafe mientras otros perecen en la lucha, al margen de diferencias es necesario construir un polo socialista en esta parte del continente sin las anteojeras del pasado.
Puntos de unidad y divergencia 
danielrojoceleste - 30.10.2005 21:35

Un saludo a todos los inconformes de latinoamérica y del mundo.


Verdaderamente refrezca el hecho de poder participar en este tipo de discuciones. esto representa un despertar a esa década pérdida de los 90´s. Sin negar todos los importantes sucesos que ocurrieron en ella, en torno al tema que estamos tratando (Captura de Abimael Guzman, Inicio de la Guerra Popular e Nepal, Creación de Nuevos Partidos m-l-m en todo el mundo. Surgimiento de la Lucha de dos lineas en Perú y sus repercuciones a Nivel Mundia).

Desafortunadamente mi falta de erudición y de información me impiden ahondar sobre cualquiera de esos puntos.

Lo que si quiero enfatizar es la necesidad de que se fortalezcan los lazos entre todos aquellos que estamos concientes de que etes mundo debe cambiarse lo más pronto posible,y que además sabemos que existe hoy ne dia la ideología más avanzada para afrontar esta tarea: el maoismo.

Digo lo anterior, basado en que el maoismo contemporaneo es la única ideología que a logrado ver en retrospectiva todo el proceso del movimiento comunista internacional y sintetizar una linea en términos fácticos, la cual está demostrando su efectividad hoy por hoy en la Ofensiva estratégica de la Guerra Popular en Nepal y en el Proceso de superación del Recodo en el Camino de la Guerra Popular en el Perú, así como a logrado consolidar el embrión de la internacional de nuevo tipo (el MRI). Por último, ha logrado interpretar y representar los intereses del Pueblo Estadounidense, materializándose en el PCR-EEUU. En Latinoamérica, además por supuesto del PCP, la existencia del GCR es una esperanza de una inminente ofensiva en el Contexto de la Revolución Proletaria Mundial.

Por todo lo anterior, le brindo mis agradecimientos a todos los compañeros que a lo largo de estos dificiles años han dado esa lucha tan dificil en los diferentes países del mundo por poner el maoismo como mando y guía de la revolución proletaria mundial, enfrentados contra todo tipo de enemigos, disfrazados o no.

La historia nos da la razón, pero el tiempo está en contra nuestra. Así que rescatando lo que dicen algunos en el sentido de "hablar menos y hacer más". Debemos avanzar en los preparativos en aquellos paises en que aún no se ha iniciado una GP.

Debemos recordar que en nuestros países latinoamericanos, lo clave es llevar el factor subjetivo a la altura de la situación objetiva.







E-Mail: danielrojoceleste@hotmail.com
4 DE FEBRERO, MOVILIZACION FASCISTA EN APOYO 
brigadasantiimperialistas - 07.02.2008 18:26

¡4 DE FEBRERO, MOVILIZACION FASCISTA EN APOYO AL FÜHRER URIBE!

La ?gente de bien? de Colombia se ha unido para llamar este 4 de febrero a una gran marcha nacional contra lo que ellos llaman ?terrorismo?. Este llamado, impulsado fundamentalmente por el aparato estatal, los industriales, los grandes comerciantes y terratenientes y sus cajas de resonancia de la gran prensa, cuenta además con el ?apoyo? público de los paramilitares además de toda la maquinaria de guerra oficial.

Este llamado, aparentemente ingenuo y ?no politizado? como cacarea hipócritamente el gobierno, esconde tras de sí otros intereses más de fondo. Los ?ciudadanos del común? que plantearon en la internet el llamado inicial, lejos de ser los verdaderos gestores de la iniciativa, simplemente respondieron al aparato de propaganda del régimen.

Este llamado y la actual situación que vive la sociedad colombiana recuerdan mucho, en el ambiente ideológico y político, a la Alemania prenazi, cuando Hitler llamaba a los alemanes a generar un movimiento para ?salvar la nación?. No es casual. Es que hoy día igualmente para garantizar el mantenimiento del statu quo las clases dominantes requieren un gobierno de corte fascista, que prepare incluso el terreno para una intervención imperialista a mayor escala si la situación del país o la región lo requiere.

Este movimiento generado alrededor de la defensa de la ?nación? contra los ?bandoleros? requiere del apoyo de un movimiento reaccionario de masas en las calles, como lo expresara Goebbels del fascismo (y ministro de propaganda de Hitler): ?quien controla las calles conquista las masas, y quien conquista las masas controla el Estado?. Usando estas armas Hitler transformó a millones de alemanes del común en asesinos convencidos.

El régimen de Uribe, fiel a los preceptos fascistas, ha entregado el pueblo a la voracidad de los elementos más corrompidos y sanguinarios, todo su aparato de gobierno político y militar a nivel nacional y regional ha sido puesto en manos de narcotraficantes y paramilitares, como ha quedado claro en casos como el del DAS (la policía política del Estado), Findeter, gobernaciones, alcaldías, etc., no obstante se presenta ante la gente como un ?gobierno honrado e insobornable?, que se indigna hipócritamente ante la corrupción y el saqueo del Estado, cuando éstos están en la base de su Poder.

Hasta el llamado uribista a ?trabajar, trabajar y trabajar?, sigue evocando la Alemania fascista, cuando se llamaba a los trabajadores a sacrificarse por el país, y a dar su vida en la guerra o en el trabajo para mantener el ?gran imperio?. Hoy día, a los millones de obreros y campesinos que laboran en las más penosas condiciones de esclavitud y explotación asalariada se les llama a apoyar este sistema que los hunde cada vez más en la miseria y el hambre.

Son los parásitos que llaman a sacrificarse por el país quienes se enriquecen con el sufrimiento diario del pueblo. En Colombia el 49,2% de la población vive bajo la línea de pobreza y el 14,7% en condiciones de miseria extrema; la pobreza afecta desproporcionadamente a las mujeres, a la población infantil, a los grupos étnicos y a los desplazados; la pobreza rural asciende al 68,2%. El 62% de los niños y jóvenes no tienen acceso a ninguna esperanza de vida plena y se debaten entre la desnutrición, la insalubridad y la ignorancia. Entre tanto el 10% de la población más rica dispone del 46,5? del ingreso total. Ese opulento 10% concentra un ingreso superior al obtenido por el 80% de la población con menores ingresos, que es del 37,7%.

Para mantener este orden, hoy día la colombiana ha sido convertida en una sociedad militarizada. No en vano de los 566.084 empleos que el Estado paga con cargo al presupuesto central, 459.687 están ocupados por personal asignado a las labores de defensa, seguridad y policía. Esto es el 81,2% de los funcionarios públicos colombianos. Hoy día el gasto en defensa es igual a la suma de todas las trasferencias en salud, educación y saneamiento ambiental juntas. Esta militarización cuenta incluso con más de 400 asesores militares y con la utilización de mercenarios ex militares y ex miembros de la CIA, del FBI, y la DEA, a quienes el aparato de propaganda llama ?contratistas?.

Así mismo, de una manera sistemática y silenciosa se viene asesinando a miles de jóvenes pobres en las barriadas a través de las ?limpiezas sociales?, que una vez más nos recuerdan las ?limpiezas raciales? nazis a los pobres e inmigrantes, así como a la población indígena y campesina para proseguir con el sueño terrateniente de concentrar cada vez más la tierra en pocas manos (entre los cuales la familia Uribe hace parte). La Comisión Colombia de Juristas reporta 3.004 víctimas de los grupos paramilitares, desde la iniciación de sus negociaciones con el gobierno del 2000 y de acuerdo con las cifras de la Consultaría para los Derechos Humanos y desplazamiento forzado ?CODHES?, entre 1986 y 2005, 3.720.428 personas fueron desplazadas de los territorios donde vivían y trabajaban. La Contraloría General de la Nación ha señalado que el área abandonada sería de 2,9 millones de hectáreas. De acuerdo con el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, sólo 2.428 propietarios (que corresponden a un 0,06% del total), poseen 44 millones de hectáreas (lo que corresponde al 53,5% de las tierras).

Para ello igualmente se tiene un sistemático control absoluto de los medios de comunicación, que aparte de pertenecer a los grupos económicos del gran capital local y de los imperialistas, son controlados políticamente para que sirvan a preparar el terreno y justifiquen todo tipo de agresión contra el pueblo, contra la clase trabajadora, como lo han venido haciendo en la represión al movimiento campesino e indígena que lucha por la tierra, en los levantamientos estudiantiles del año anterior, o en las intervenciones imperialistas contra Irak, Afganistán y Palestina apoyadas abiertamente por el régimen de Uribe.

El rechazar esta marcha fascista del 4 de febrero, no quiere decir necesariamente que se esté de acuerdo con la política o los métodos de las FARC. Lo que sí debe significar es estar de acuerdo con el derecho del pueblo a rebelarse contra la opresión y la explotación. Las FARC, al igual que las decenas de guerrillas opositoras al régimen y revolucionarias que han existido en Colombia desde el siglo XIX, no son causa sino consecuencia de la negación de las libertades y derechos del pueblo.

No obstante, las FARC no encarnan ni representan ni en su ideario político ni en su tipo de guerra, los sentimientos y aspiraciones más elevadas de la mayoría del pueblo colombiano: una firme, resuelta y cabal lucha verdaderamente antiimperialista y anti-capitalista y anti-terrateniente, que además se refleje en sus métodos. Lo que habría de reprochable en las FARC no es que se rebelen, incluso de manera armada, contra un sistema oprobioso sino que centren su trabajo en la logística de la guerra y en la consecución de recursos económicos y no en la actividad consciente del pueblo. En más de 40 años de lucha guerrillera, no han construido unas nuevas relaciones económicas y sociales que sean el embrión de una nueva nación y por el contrario con métodos como el secuestro, el trato a los prisioneros, etc. han facilitado que las clases opresoras enloden la lucha revolucionaria de los pueblos.

¿Por qué la ?gente de bien? convocante de la marcha no se ha conmovido en decenas de años donde los organismo de ?defensa? como el ejército, la policía y los paramilitares han torturado y asesinado con muchos métodos aprendidos no sólo de las escuelas de tortura y asesinato de Estados Unidos sino también de la Alemania nazi tales como desmembrar a los campesinos y luchadores con motosierra, violar mujeres y niños de las formas más atroces y delante de las comunidades?

¿Por qué esta ?gente de bien? no se pronuncia sobre los 1.000 asesinatos selectivos de personas que son mostradas como ?guerrilleros muertos en combate? ?y que no son otra cosa que falsos ?positivos?, según el Informe sobre Ejecuciones Extrajudiciales, presentado a finales del año pasado por una Comisión de expertos internacionales?

¿Por qué esta ?gente de bien? no se conmovió cuando jefes paramilitares reconocían haber matado de la forma más atroz, uno solo de ellos, a 2.000 personas y cuando sabemos que esto sigue ocurriendo hoy día bajo el amparo de la ?seguridad democrática??

La advertencia del periodista estadounidense John T. Flynn, en 1944, de que el poder estatal se nutre de las crisis y los enemigos, es pertinente a la situación colombiana actual. Este efecto de un establecimiento nazi-fascista no es nuevo, Goebbels, el jefe de propaganda de Hitler en los años 30 y 40 empezó a organizar manifestaciones de masas con la participación activa de guardias y abanderados. Aquí se ha llegado a aceptar un estado más poderoso e intruso que el que existió antes de los años treinta en Alemania.

Ein volk, ein reich, ein führer (un pueblo, un imperio, un líder), el ideario fascista de la unidad de la nación, la autoridad y el orden son requisitos a la orden del día del líder carismático fascista, aunque en esta vez con un toque a la colombiana, ligado al despotismo feudal y a la subyugación nacional (aunque irónicamente a la par con un patrioterismo ramplón). Hoy también, el líder (con su supuesta ?inteligencia superior? aducida por el propagandista José Obdulio Gaviria y con su ?principio sagrado? de ?seguridad democrática? que adujera también el ministrico Arias) para acrecentar la sobreexplotación del pueblo y construir una nación servil al imperialismo y estratégica en sus planes regionales, recurre una vez más a movilizar la gente al servicio de sus siniestros planes.

Pero los ánimos de lucha de nuestro pueblo jamás podrán ser pacificados de ninguna forma, pese a que los opresores hoy día están a la ofensiva. Ésta es una situación temporal que será transformada con el coraje de un pueblo luchador, que aquí y en el mundo ha demostrado su espíritu de lucha y sus anhelos por vivir en una sociedad donde los pobres sean los hacedores de la historia.





www.brigadasantiimperialistas.net -  brigadasantiimperialistas@hotmail.com
Colombia - enero 31 de 2008



Sito de web:http://brigadasantiimperialistas.net
 
hasta cuando 
juank - 19.05.2009 03:49

hasta cuando vamos a ver como unos pocos desangran al pais y ninguno decimos nada, acaso nos hace falta guevos digamen que hay que hacer yo me le mido a lo que sea porque no estoy dispuesto a dejarle a mis hijos un pais tan cochino.

E-Mail: juan.kdiaz@hotmail.com
Sito de web:http://
 
pero lo permitimos 
fredy hernando vega - 16.07.2009 23:59

claro es lo que permitimos nosotros que nos hagan eunque la historia demuestre que colombia cada ves es mas dependiente de otros paises como el de usa
todo lo que hacemos es quejarnos pero cuando es la hora de que hagamos algo que definira nuestro futuro como pais no lo hacemos
si la DEMOCRACIA en colombia es una mentira por que segun todos los jovenes no van y votan para elegir un presidente pero no se dan cuenta que le estan dando la oportunidad a otro de que tome esta responsabilidad
supuestamente para sentinos libres

E-Mail: tottofre@hotmail.es
Sito de web:http://
 
super vien luchemos 
laura - 14.10.2009 22:20

me eencantan estas pag son un mverdadero medio de comunicasion por todo lo9 que emos vatallado y sufrido para alcansar algo masomenos porque como dicen salimos de charco malo a charco pior y lla saben a lo que me refiero

E-Mail: laura_628@hotmail.com
Sito de web:http://
 
 
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